
11/12/2025

En apenas cinco años, la inteligencia artificial (IA) ha pasado de ser una palabra de moda a un campo de batalla que domina los titulares con una intensidad implacable, desde las valoraciones astronómicas de billones de dólares del Valle del Silicio hasta el miedo que se propaga por los mercados laborales globales. Pero ¿qué significa realmente liderar o rezagarse en esta revolución tecnológica? Para entender el panorama competitivo de la IA, debemos revisitar una idea fundamental de 1776: la teoría de la ventaja comparativa y absoluta.
Adam Smith, ampliamente considerado el padre de la economía clásica, propuso que las naciones deberían especializarse en la producción de bienes donde son más eficientes, donde pueden generar más producción utilizando el mismo trabajo y recursos. Este concepto se conoció como ventaja absoluta.
Décadas después, en 1817, David Ricardo refinó el marco de Smith en un principio más matizado: ventaja comparativa. Ricardo reconoció lo que Smith había insinuado pero nunca formalizó: que los países, empresas o individuos deberían especializarse no necesariamente donde son mejores, sino donde su costo de oportunidad es más bajo. En otras palabras, deberían enfocarse en lo que sacrifican menos para producir, incluso si otros pueden producir lo mismo de manera más eficiente en términos absolutos.
La distinción importa:
El principio de Ricardo ahora define la economía de la IA. Aunque Estados Unidos lidera en capacidad general de IA, ningún país domina todas las etapas del desarrollo de IA. En cambio, las naciones y empresas se están especializando según sus fortalezas:
Esta especialización no es arbitraria. Cada región contribuye donde sus costos de oportunidad son más bajos, ya sea debido a experiencia acumulada, ventajas de infraestructura, costos laborales, cultura institucional o entorno regulatorio.
El progreso de la IA no es un juego de suma cero; es interdependiente. La colaboración global permite que cada región se especialice donde añade más valor, reduciendo costes y acelerando la innovación en general.
Sin embargo, también significa que los choques en la cadena de suministro, los cambios de política o los controles de exportación pueden alterar ese equilibrio, de manera similar a las fricciones comerciales en la economía clásica.
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