
La estanflación describe una economía sometida a la presión de tres problemas a la vez:
Esta combinación es inusual porque la inflación suele aparecer cuando el crecimiento es fuerte y el mercado laboral prospera, con salarios que aumentan al ritmo de la demanda. La palabra "estanflación", una mezcla de estancamiento e inflación, entró en el debate público en la década de 1970, cuando los shocks petroleros elevaron los precios de la energía en Estados Unidos y Europa aun cuando el crecimiento económico se había estancado.

La estanflación golpea a los hogares en más de un frente. Los precios siguen subiendo, por lo que gastos cotidianos como la alimentación, el combustible y el alquiler se llevan una mayor parte de los ingresos. Al mismo tiempo, el crecimiento de los salarios se ralentiza y encontrar empleo se vuelve más difícil a medida que las empresas recortan.
A diferencia de un ciclo típico de auge y caída, las personas no obtienen alivio por ninguno de los dos lados. Los precios más altos no se compensan con salarios más elevados. Un mercado laboral más débil implica menos poder de negociación y más inseguridad. Para los trabajadores y los consumidores, la estanflación duele porque pagan más mientras ganan menos.

La estanflación es peligrosa porque las soluciones económicas habituales actúan unas contra otras. Los bancos centrales se enfrentan a un duro dilema:
Esto hizo que la estanflación fuera tan dañina en la década de 1970. En Estados Unidos, la inflación se mantuvo alta hasta principios de los años ochenta. Finalmente, unos tipos de interés de dos dígitos por parte del banco central aplastaron el crecimiento de los precios, pero solo después de una profunda recesión y un salto en el desempleo. Ese doloroso compromiso es la razón por la que los responsables de política económica desconfían de la estanflación.