
El crédito privado es dinero prestado a las empresas por entidades‑no_bancarias: fondos de inversión, fondos de pensiones y prestamistas especializados como Ares y Blue Owl.
Las operaciones suelen tener condiciones flexibles pero tipos de interés más altos, lo que refleja el mayor riesgo. Después de la crisis financiera de 2008, los bancos cerraron el grifo del crédito, por lo que los prestamistas privados entraron en escena. Se ha convertido en algo esencial para las pequeñas y medianas empresas que tienen dificultades para obtener préstamos bancarios y necesitan acceder a liquidez rápidamente.
Antes era un nicho, pero el crédito privado se ha disparado. A finales de 2025, contaba con 3,5 billones de dólares en activos gestionados.

Aunque el crédito privado solía centrarse en empresas pequeñas y medianas, ahora es mucho mayor. Los fondos de crédito privado pueden financiar grandes compras apalancadas y fusiones, compitiendo directamente con los bancos de inversión.
Fundamentalmente, este mercado ya no es exclusivo de los inversores profesionales. Los inversores minoristas pueden acceder ahora a partes del crédito privado a través de sociedades de desarrollo empresarial (BDC) que cotizan en las principales bolsas de valores, como la NYSE y el Nasdaq. Incluso los fondos no cotizados se comercializan cada vez más entre clientes minoristas adinerados.
Muchos gestores de activos alternativos también cotizan en bolsa, lo que los pone a disposición de los inversores en acciones.

El crédito privado promete rendimientos más altos que los bonos corporativos. Pero, en la inversión, las mayores rentabilidades suelen ir acompañadas de mayores riesgos.