
1/22/2026

Los últimos datos de ingresos, gasto y PIB cuentan una historia coherente: la economía estadounidense sigue creciendo a un ritmo sólido, impulsada por consumidores que gastan más rápido de lo que aumentan sus ingresos, mientras que la inflación se sitúa cerca de la zona de confort de la Fed, pero aún no ha llegado del todo.

Los ingresos personales repuntaron hacia finales de año.
Al mismo tiempo, los Gastos de consumo personal (PCE) aumentaron un 0,5% tanto en octubre como en noviembre. En términos reales, tras ajustar por inflación, el gasto subió un 0,3% en cada mes, mientras que los ingresos disponibles reales se mantuvieron estables en octubre y subieron un 0,1% en noviembre.
La brecha entre el crecimiento de los ingresos y el crecimiento del gasto se refleja en los datos de ahorro. Los desembolsos personales (gasto más intereses y transferencias) aumentaron casi tanto como los ingresos, y la tasa de ahorro personal bajó del 3,7% en octubre al 3,5% en noviembre.

La estimación actualizada del PIB del tercer trimestre de 2025 confirma que la economía en general estaba funcionando a pleno rendimiento de cara al otoño.
Las ventas finales reales a compradores privados nacionales, un buen indicador de la demanda privada subyacente que excluye inventarios y comercio exterior, aumentaron un 2,9%. Esto es ligeramente inferior a la estimación anterior, pero sigue siendo un ritmo sólido.
Desde una perspectiva sectorial, la producción aumentó un 5,3% en los servicios privados y un 3,6% en las industrias productoras de bienes privados, parcialmente compensado por una pequeña caída en el valor añadido del sector público. En conjunto, la producción bruta real aumentó un 3,2%.
En general, los datos muestran una economía que sigue creciendo a un ritmo saludable: los ingresos aumentan, los consumidores siguen gastando aunque la tasa de ahorro descienda, la inflación ha bajado de sus máximos pero se mantiene en el rango alto del 2%, y la producción y los beneficios empresariales son sólidos.
Para los responsables de política económica, esto aboga por la cautela, no la urgencia: el crecimiento y los beneficios son demasiado sólidos para recortes de tipos agresivos, pero la inflación ya no es una crisis que exija más subidas.
Para inversores y empresas, el consumidor estadounidense sigue siendo el motor clave. Mientras el empleo y los ingresos reales se mantengan, el gasto debería seguir apoyando el crecimiento; las verdaderas incógnitas son cuánto tiempo pueden los hogares vivir con tasas de ahorro bajas y con qué suavidad puede guiarse la inflación más cerca del 2% sin descarrilar ese motor.
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